Cuando un servicio de oftalmología mira su agenda con detalle, aparece un patrón incómodo: una porción grande de los turnos se consume en controles que terminan sin hallazgos. Son pacientes con diabetes, correctamente indicados, que vienen a que alguien confirme que están bien. Y están bien.
Ese uso del turno no es un error de nadie. Es la consecuencia de un circuito donde la única forma de saber si un fondo de ojo está normal es que lo mire un especialista. Mientras esa sea la regla, la capacidad del servicio va a estar tomada por los casos sanos, y la cola de espera de los casos con patología va a seguir creciendo.
Separar la captura de la lectura
La retinopatía diabética tiene una propiedad que la vuelve especialmente apta para el tamizaje remoto: se puede detectar sobre una imagen. No requiere examen físico, ni anamnesis compleja, ni presencia simultánea del especialista. Requiere una retinografía de calidad suficiente y alguien formado para interpretarla.
Esas dos cosas pueden ocurrir en momentos y lugares distintos. La captura puede hacerla personal técnico capacitado, en el centro de salud donde el paciente ya va a su control de diabetes. La lectura puede hacerla un oftalmólogo, después, desde donde esté, sobre una cola ordenada por riesgo.
El paciente que está bien no debería tener que atravesar el sistema entero para descubrirlo.
Qué hace la IA acá, y qué no
El rol del modelo en este circuito es más modesto y más útil de lo que suele contarse. No reemplaza el informe: prioriza. Clasifica la imagen, marca los casos con signos de retinopatía derivable y ordena la cola de lectura para que lo urgente se lea primero. Con una sensibilidad alta —en nuestro caso por encima del 95% para casos derivables— el costo de esa priorización es aceptable: los falsos positivos se resuelven con una lectura humana que igual iba a ocurrir.
Hay una segunda función, menos vistosa y decisiva en la práctica: el control de calidad de la imagen. Un modelo que evalúa enfoque, iluminación y encuadre en el momento de la captura evita el peor resultado posible de un tamizaje descentralizado, que es una imagen inservible descubierta días después, cuando el paciente ya se fue.
Los números del cambio de circuito
En los tres sitios donde medimos con cortes mensuales, la distribución se sostiene: alrededor de tres de cada cuatro tamizajes no requieren derivación, cerca de uno de cada cinco necesita al especialista y un porcentaje pequeño pero clínicamente crítico aparece con riesgo de pérdida visual inminente. Ese último grupo es el que justifica todo el esfuerzo.
78%
tamizajes sin hallazgos derivables
18%
derivados a especialista
3%
con riesgo de pérdida visual inminente
Leído desde la gestión, ese 78% es capacidad recuperada. Son consultas de especialista que vuelven a estar disponibles sin contratar a nadie y sin comprar equipamiento nuevo. Leído desde el paciente, es un viaje que no hace, un día de trabajo que no pierde y un resultado que recibe en su propio centro de salud.
Lo que no resuelve la tecnología
Un tamizaje descentralizado sin circuito de derivación definido produce diagnósticos que no llegan a tratamiento. Es el modo más caro de fracasar: se gasta en detectar y no se cambia el desenlace. Antes de instalar el primer equipo hay que responder tres preguntas concretas: quién recibe al paciente derivado, en qué plazo, y quién controla que ese turno efectivamente se otorgue.
Tampoco alcanza con capacitar una vez. La calidad de la captura se degrada si nadie la mira; por eso el monitoreo continuo por operador es parte del servicio y no un extra. Y hay una condición de base, casi organizativa: el tamizaje tiene que engancharse con una visita que el paciente ya hace. Si le agregás una visita, la adherencia se cae.
La conclusión operativa es menos épica que el titular: la tecnología habilita el cambio, pero el resultado lo define el diseño del circuito. Lo bueno es que ese diseño está al alcance de la institución, y no depende de que aparezca un especialista más.
José Ignacio Orlando
Cofundador de Retinar e investigador del CONICET en PLADEMA (UNICEN).